Resulta curioso que un sector tan regulado a nivel legislativo en el mundo real como es el sanitario, y autorregulado por los códigos de buenas prácticas de las industrias, siga siendo en el virtual un espacio de libre trayecto en el que todavía no se haya definido qué se puede hacer y cómo. Porque aunque sea obvio que la ética debe guiar cada una de las acciones, siempre un soporte nuevo supone un abanico de posibilidades no contempladas hasta el momento.
Esta situación está cambiando en EE.UU., donde las diferentes organizaciones médicas y entidades sanitarias, conscientes de las potencialidades de la red y de sus riesgos, han comenzado a publicar sus documentos y guías de uso de las redes sociales. Y es que según un estudio recién publicado en JAMA en el que se ha analizado la comunicación de 260 usuarios de Twitter identificados como profesionales médicos con más de 500 seguidores y sus 5.156 tweets enviados, cerca de la mitad de los mensajes emitidos estaba relacionado con la salud o aspectos médicos. Aunque raramente se superaban los límites éticos, sí se observó que el 3% de los tuits podía calificarse como poco profesional y un 0,7% violaba el derecho de privacidad del paciente.
Es precisamente en la confidencialidad del paciente donde la American Medical Association (AMA) ha puesto el acento de sus recientemente publicadas directrices sobre el uso que los médicos deben hacer en las redes sociales. Estos son sus principales consejos:
- que monitoricen su presencia en Internet o que tengan cuentas separadas para emitir contenidos profesionales y personales
- apela a la profesionalidad para evitar que, a través de las opiniones individuales vertidas en la red, se pueda debilitar la confianza de la sociedad en los médicos.
Por su parte, la Asociación Médica del Estado de Ohio elaboró en el mes de octubre sus recomendaciones sobre cómo los profesionales sanitarios y pacientes deben usar las redes, ya que “el incremento de aspectos legales y éticos alrededor de las redes sociales son abrumadores y pocos concretos y claros”, indican.
Más extenso es el Documento para el Comunicador de la Salud en las redes sociales publicado por los CDC (Centers for Disease Control and Prevention) en el que se ofrece una serie de consejos para compartir información a través de las redes sociales, y, tal y como ellos mismos señalan, “mejorar el alcance de los mensajes en salud, incrementar el acceso al contenido y fomentar la participación con las audiencias y la transparencia para optimizar los esfuerzos en la comunicación de salud”. A diferencia de los anteriores que se centraban en aspectos más legales y éticos, esta guía tiene un carácter más formativo sobre las herramientas que se pueden usar para que la información sanitaria llegue de manera más eficaz y eficiente a la sociedad. Para ello, incluye ejemplos de las diferentes campañas y acciones realizadas por los CDC en redes sociales como la relativa a la de la Gripe A.
En el ámbito empresarial sanitario, a la espera de que la FDA defina las reglas de juego en las redes (está previsto que lo haga a lo largo de este año), algunas compañías como Roche ya han elaborado códigos internos para los empleados sobre la participación social online y cómo hacer uso del nombre la marca, y otras ya se han lanzado a la Red con sus campañas.
En España todavía no se ha publicado ningún documento de recomendaciones o políticas para la participación de profesionales sanitarios en redes sociales, o campañas de productos, medicamentos,… pero es de esperar que en breve alguna organización dé el primer paso y ponga vallas al campo de Internet.
Recomendaciones comunes
Todos los códigos reconocen que las redes sociales suponen una oportunidad para difundir los conceptos de salud, pero que es necesario tomar algunas precauciones para evitar que se convierta en un riesgo o que se sobrepasen algunas fronteras éticas y legales.
Así, algunas de las recomendaciones para los profesionales sanitarios que coinciden en señalar son:
- Puesto que las leyes que se aplican en el mundo real sirven también en las redes sociales, es imprescindible garantizar la confidencialidad del paciente.
- Mantener los límites de la relación médico-paciente, aunque ésta se produzca online.
- Tener cuentas separadas para la información profesional y personal.
- Pensar a quién va dirigida la información que se publica en los post, blogs o comentarios antes de aceptar como “amigo” a cualquiera que te lo haya solicitado.
- Denunciar las actitudes, acciones, informaciones que resulten no profesionales.
En el caso de los centros sanitarios, las directrices recomiendan:
- Definir políticas para el uso de las redes sociales.
- Formar a los profesionales sanitarios para que sepan cómo comunicarse, qué tipo de información pueden emitir, cuándo y cómo monitorizar su presencia en la red.
Enlaces de interés
Base de datos de Guías publicadas por entidades de todos los sectores en EE.UU.
