“Según un estudio de la Urinary School of Public Health, el principal deseo inevitable en la vida de las personas es el deseo de orinar”. En una encuesta realizada a 250 personas en los urinarios públicos de un gran almacén, las personas entrevistadas valoraron que la necesidad más perentoria a lo largo del día es orinar y defecar. Esa prioridad compulsiva se sitúa por encima de dormir, comer, tener sexo de vez en cuando, mirar Twitter, el correo electrónico o el “timeline” de Facebook. “No pueden evitarlo, casi constituye una adicción para el 99,9% de los encuestados”, según ha declarado Mr. Foley, chairman de la USPH.
La noticia anteriormente redactada es inventada y estúpida. Pues bien, la noticia recogida en diferentes medios sobre la adicción a las redes sociales expresada en la nota de la estadounidense escuela de negocios Booth School of Business de la Universidad de Chicago es de la misma categoría de “tontiestudio” que la precedente.
El uso de las tecnologías disponibles en la actualidad no tiene nada de adicción, más allá de la que produce el uso de la electricidad para iluminarse o coger un coche para desplazarse. Son tecnologías que se incorporan masivamente y de forma generalizada a la vida de las personas, que tienen el atractivo de la novedad y que se introducen en la vida cotidiana de una manera intensiva, cambiando las costumbres sociales.
Los trastornos adictivos a distintas sustancias (alcohol y tabaco) tienen un patrón biológico y unas consecuencias nefastas. La comparación es ridícula e ignorante. Si alguien modifica su vida de forma patológica alrededor de las tecnologías de la comunicación, será una excepción; igual que lavarse las manos es algo positivo, realizar un lavado compulsivo de las manos puede ser una manifestación de un trastorno obsesivo-compulsivo. Cualquiera puede ver la diferencia.
Como toda novedad con impacto, y la comunicación entre los seres humanos si es una prioridad de los mismos, provoca inicialmente un uso intensivo, por supuesto, siempre más en unas personas que en otras. Eso no es una patología, las herramientas cambian y los comportamientos también, llegando posteriormente a un punto de equilibrio.
Dejemos pues de comentar “tontiestudios” de este calibre y enseñemos a aprovechar las ventajas de las tecnologías existentes para disfrute y aprovechamiento lúdico y profesional.


